JUNTOS

ES Mejor (◕‿◕)


3 de Agosto de 2011

Hola, peques de la biblio.

Analía me ha hablado mucho de vosotros y de lo maravillada que está de vuestros trabajos, ya sean textos o dibujos. El tono de su voz era sincero, pero su gran trabajo por animaros a la lectura supera lo dicho. ¡Cómo os quiere!

He querido escribiros desde hace mucho; sin embargo, el tiempo me ha jugado unas cuantas bromas. Quizá vosotros, peques creativos de la biblio, puedan entender mejor que cualquier adulto que el tiempo es un ser extraño. Hay veces se estira y no hay cómo acelerarlo. Otra, por desgracia, pasa tan rápido que nuestros entretenimientos parecen haber sido producto de nuestra imaginación, como un sueño, un sueño que ansiamos se haga realidad lo más pronto posible. Y además de eso que ya conocéis, a mi edad hay que añadir las responsabilidades inventadas por los mayores, y que siempre nos atrapan. Ser escritor o pintor o cantante,… te hace vivir entre el tiempo de los niños y el de los adultos. Entonces, uno algunas veces se distrae y recuerda que hay un calendario. En esta ocasión, me alegra haberlo visto, porque lo importante, lo más importante, está fuera de cualquier papel, está en los seres como vosotros.

Os animo a leer y observar a partes iguales. Leer sin detenerse a pensar es tan insano como atragantarse con la comida. Las palabras hay que saborearlas y digerirlas. Con lo que sucede a nuestro alrededor, también. Sin duda, después, nuestras propias creaciones nos harán sentir más satisfechos.

Espero que estéis muy bien y cuidéis mucho de Analía.

Un fuerte abrazo.

Rafael



Les regalo este cuento en PDF: Tinkus (de 88 a 8 años)

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Rafael R. Valcárcel


TINKUS en la biblio...



No Cuentos nació del anhelo del escritor Rafael R. Valcárcel por fundir la realidad y la ficción de la manera más natural posible. En la búsqueda, el recuerdo surgió como el elemento ideal para tal fin. “Un recuerdo personal no es realidad ni ficción; es ambas cosas a la vez. Cuando describimos un hecho pasado lo alteramos, poco o mucho, de acuerdo a la coyuntura del presente en el que lo contamos (el estado anímico, la claridad de la memoria, etc.). Además, no sólo recordamos en base al suceso original, sino que incluimos los detalles de la última vez que lo evocamos”.

Por un lado, están los No Cuentos de Valcárcel que enviamos mensualmente a los lectores registrados y, por otro, las vivencias pasadas de quienes gentilmente se animan a compartirlas en el área a mi cargo: “Tus recuerdos”.


Gracias por visitarnos.
Sofía Cusy
(Webmaster de NoCuentos.com)
nocuentos@nocuentos.com




(Mes de Agosto 2011)
Esperamos que disfrutes este nuevo NoCuento:

(Rafael R. Valcárcel)


Nadie le daría trabajo con lo vieja que estaba, e indagar sobre si disponía de ahorros para montar un negocio en toda regla sería una falta de sensibilidad; por no decir un exceso de estupidez. Qué hacer cuando las carnes te exigen sobrevivir. ¿Pedir limosna? Buenos Aires ya no estaba para eso. Tendría que ganarse la vida haciendo algo de dudosa moralidad. Qué cosa. Qué podría hacer sin perjudicar a la gente. Optó por vender aire, como lo hacían miles de empresas, pero ella no sería una desalmada. Cobraría montos irrelevantes y el aire que daría a cambio no contendría un valor superfluo.

Desde el 12 de octubre de 2003, Sandra anduvo libre por las calles. ¡Vaya mentira! Sus carnes la arrinconaron más que nunca. En su estómago tenía aire, pero uno muy distinto del que estaba por vender. En la cárcel había aprendido algo de magia. Hacía desaparecer objetos pequeños, como cigarrillos y monedas. Con una esfera de cristal de cuatro centímetros de diámetro no tendría problemas.

Entre la basura, encontró cajas de un tamaño ideal para empaquetar, una y otra vez, su única esfera. Sólo le faltaban cintas de colores para, en el momento de la venta, atar la caja correspondiente y adornarla con un listón. Las consiguió enseguida.

Frente a una tienda de juguetes, interpretando el papel de una bruja buena de cuento, atraía la atención de los pequeños con un discurso dulce en el tono y seductor en las palabras: “Mira esta bola de cristal. Es ligera como el aire. Es mágica. Mágica para los que poseen el don. ¿Tú lo posees? No mires a tus padres, la respuesta sólo la puede saber uno mismo. Meteré esta bola especial en esta caja… así, ¿ves? Ahora, ataremos la caja con esta cinta para asegurarnos de que se mantenga cerrada hasta que llegues a tu casa. Si al abrirla descubres que la bola se ha desmaterializado (que ya no está), sabrás que posees el don. Pero la bola no habrá desaparecido, sólo habrá cambiado de lugar. Habitará dentro de ti para siempre y te será muy útil en tus sueños, porque con ella vencerás a cualquier monstruo y te ayudará a encontrar mundos llenos de personas y cosas bellas y alegres. Dormirás feliz”. Los padres, confiando en que la vieja los timase con una caja vacía, se la compraban por unas cuantas monedas.

Funcionaba.

El boca a boca hizo cada vez más conocida a la vieja de enfrente de la juguetería en Rivadavia, entre la avenida Otamendi y Campichuelo.

A Sandra Febres Queipo se le recuerda como “La bruja de la bola invisible”. Murió el 7 de enero de 2005. Ni bien pasaron dos meses, la juguetería —que no voy nombrar para no hacerle publicidad— lanzó un producto con la imagen ilustrada de su personaje y con el nombre con el que se le conocía. No lo vendieron como esperaban. En 2008 dejaron de producirlo. Pensaron que la magia de Sandra también era comercializable, pero pasaron por alto el truco de su éxito. Era la voz de ella, la convicción en su tono, lo que agudizaba en los niños el don de creer… de creer que en esa nada que encontraban en la caja fuese posible todo.



Si deseas comentar el cuento, puedes hacerlo en el facebook o twitter del autor (Rafael R. Valcárcel).

Hola peques,
“Buscando en una maleta” es el primer cuento que leí de Rafael Valcárcel, de esto hace ya…. hummmm, unos cuantos años. Es, sin dudarlo un instante, el cuento que más quiero y el que más atesoro desde aquella vez.
Compartirlo con ustedes ES un regalo para todos...
Disfruten de la lectura.
Analía


Una de mis últimas adquisiciones, para mi colección privada de objetos curiosos, fue la fotocopia de una denuncia traspapelada entre los archivos de la policía. En concreto, provenía de la comisaría ubicada en la calle Leganitos de Madrid, aunque tres meses después el original fue solicitado por el mismo Ángel Acebes, cuando ejercía el cargo de ministro del Interior -su firma consta en el cuaderno de retiros-. Ahora bien, retomando lo que nos trae a este asunto, el documento en cuestión decía: “Gustavo Salinas Luza, indocumentado, ha sido descubierto en el interior de una maleta. Viajaba de polizón en el vuelo 578AL de Iberia con escala en Miami…”. Y finalizaba con una anotación en rojo: “Mantener el caso en reserva. 11S sigue fresco”. Dicha indicación fue la razón del porqué ningún medio se hizo eco del acontecimiento, puesto que nunca se enteraron de lo ocurrido.

Ocho meses más tarde, cuando conseguí dar con el paradero de Gustavo Salinas, agregué a mi colección la entrevista que gentilmente me concedió.

La primera impresión que tuve sobre él, al leer la denuncia, fue la de un muchacho de escasos recursos económicos, pero compensados por su gran valentía y audacia. Al conocerle personalmente, me sorprendí por haber atinado en sólo una de esas tres características. Don Gustavo Salinas Luza, señor que superaba los 60 años, era un acaudalado empresario que anteponía sus deseos al miedo.

Antes de cumplir los cuarenta, el señor Salinas ya había forjado una gran fortuna, llegando a ser el dueño de los 17 mercados de abasto de su ciudad. No obstante, durante todos esos años de trabajo, siempre estuvo acompañado por esa clase de tristeza que dejan las grandes alegrías al irse. Sin embargo, él no recordaba ese momento de felicidad. Por tanto, pensó que sólo se trataba de una insatisfacción que provenía de la pobreza de su infancia y que desaparecería al convertirse en un hombre rico, pero el malestar no cesó.

Una mañana, antes del desayuno, Gustavo visitó a su madre con la intención de obtener alguna pista sobre su pesar. Sin mucho que cavilar, ella creyó conocer la causa y le contó lo ocurrido cuando él tenía unos 5 años: “Tu tío Esteban prometió llevarte a Europa, a España. Lo hizo como una gracia, pensando que no te lo tomarías en serio. Pero tú todos los días le recordabas esa promesa y él, por salir del paso, te seguía el juego. La noche anterior al viaje, por casualidad, te enteraste de su partida. Perdiste el control, llorabas a mares y gritabas como un loco. Él, para calmarte, te dijo que te llevaría en su maleta. Era una maleta vieja, llena de agujeros, la única que teníamos en casa.

Qué tiempos pasamos, ¿no? Bueno, tú la vaciaste y te metiste dentro. Tu hermana te ayudó. La cerró. Al día siguiente, Esteban te sacó dormido de ahí, guardó nuevamente sus cosas y se fue. No sabes cómo lo odié después, y a mí por odiarlo, no sabes cuánto lo quería, era mi hermano preferido. Sé que no te podía llevar en una maleta, no soy estúpida, pero por qué demonios te hizo esa promesa. Bastaba con decirte desde un principio que debía viajar solo. Casi te me mueres, pequeño. No comías, no jugabas…”.

Don Gustavo Salinas hizo los arreglos necesarios en su empresa para emprender el primer viaje de su vida -nunca había salido de su ciudad- y partió a España con la intención de quedarse. No obstante, trascurrido un año, notó que su malestar seguía. Después de meditar sobre el tema, recordó que su tío había realizado la travesía en barco… y él lo hizo igual, pero nada. Incluso compró y restauró el navío en el que viajó su tío y, además, siguió la misma ruta… pero nada.

Tras agotar todas las posibilidades relativamente lógicas, decidió ir a España dentro de una maleta, a sus 54 años. En medio del trayecto, recordó aquella remota felicidad. La noche previa a la partida de su tío, Gustavo dejó volar su mente y viajó en el interior de la maleta a todos los sitios que él pudo crear, incluyendo a una Europa formada por recortes de realidad y fantasía, de épocas entrecruzadas... y así soñó hasta quedarse dormido al amanecer. A sus 5 años, ese rectángulo agujereado significó la puerta que lo comunicó con su más sublime imaginación, la que quedó bloqueada cuando se marchó su tío, la que comenzó a abrirse cuando se atrevió a buscar.

por Rafael R. Valcárcel



Rafael R. Valcárcel
Nació el 26 de agosto de 1970, a diez minutos de un río y a tres horas del mar (Arequipa, Perú).
En 1987 se traslada a Lima por estudios, en el 97 se establece en La Paz por trabajo y en el 2002 cruza el Atlántico por razones emocionales. Actualmente vive en Madrid.

Desde su infancia, antes de dormir, le gustaba crear historias con la intención de continuarlas en el mundo onírico… consiguiéndolo algunas veces; las suficientes para no perder el interés por soñar.

Más que un escritor, Rafael R. Valcárcel se considera un creador de historias, empleando distintos géneros para plasmarlas.

En la última década, ha colaborado con una serie de medios de comunicación físicos y digitales. Desde finales de 2006, escribe las historias que envía NoCuentos.com.

http://www.nocuentos.com


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